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– ¡Que sí pesada, llevo todo lo que necesito, incluida la protección solar! – Le digo a Daniela arrastrando mi maleta.

– Sé que a veces puedo resultar un incordio pero recuerda las quemaduras que sufriste el verano pasado, te pasaste dos noches sin dejarme dormir de tanto como te dolían. – Dice ésta.

– Ha sido lo primero que he metido en la maleta, te aseguro que no pienso pasar por eso de nuevo, hacer toples está muy bien, pero, he aprendido la lección, el pecho es una zona mucho más sensible al sol que cualquier otro lugar de tu cuerpo. -Le digo a mi amiga y socia que se apresura a coger un taxi.

– ¡A la estación de atocha por favor! – Exclama Daniela cerrando su puerta.

– Tenemos seis horas de viaje hasta Almería, durante el trayecto me gustaría finalizar la web, hay unos puntos que no terminan de convencerme. – Le digo a mi socia.

– Marina no le des más vueltas, estoy segura que en cuanto Sara le eche un vistazo le va a encantar. – Dice Daniela sonriendo.

– Sí, pero recuerda lo que sucede con las webs, los clientes solo están realmente satisfechos con ellas los diez primeros días, transcurrido ese tiempo creen que las de sus competidores son mucho más atractivas y comienzan a pedirte todo tipo de cambios, no quiero que a Sara le ocurra lo mismo, me gustaría que quedara lo más perfecta posible.

-Te aseguro que nuestra amiga estará más que satisfecha con nuestro trabajo, de eso ya nos ocuparemos nosotras. – Dice ésta tranquilizándome.

– Por cierto, ¿has cogido los penes y las cestas eróticas que teníamos preparadas? – Pregunto haciendo que el taxista fije sus oscuros ojos sobre mí a través del retrovisor. ¿Por qué no mantendré la boca cerrada de vez en cuando?

-Descuida lo llevo todo. – Contesta mi socia sonriendo al percatarse de la picaresca mirada de nuestro conductor y como si no estuviera dispuesta a desperdiciar esta oportunidad prosigue diciendo.

-Es una suerte que Sara haya podido restaurar su antigua casa en Cabo de Gata para dedicarla al ero turismo, aquello es un paraíso. No veo la hora de llegar para poder despojarme de toda la ropa y darme un buen chapuzón desnuda en el mar Umm, el agua deslizándose por todo mi cuerpo… – Gime ésta deslizando sus manos sensualmente desde su barbilla hacia sus pechos provocando que el taxista de un brusco volantazo.

– Eres perversa. – Susurro en su oído, esta asiente y sonríe.

– ¡CHICASSSS! – Llama Sara casi gritando que nos está esperando en la estación. Nos abrazamos como locas y nos dirigimos a su coche poniéndonos al día de nuestras desastrosas vidas amorosas.

– Olvidaros del trabajo hasta el lunes, estamos en Almería, es junio, hace calor y hay que disfrutar, esta noche salimos a divertirnos como en nuestros mejores tiempos. – Ordena Sara alzando el mojito desde su tumbona para brindar con nosotras, que nos apresuramos a acompañarla puesto que secundamos la moción sin rebatir ni un solo punto de ella.

Es una gozada volver a estar las tres juntas, bailamos, bebemos, reímos y descubrimos como tres descarados chicos poco a poco han estrechado nuestro círculo  dejando muy poco espacio entre la barra del pub y nosotras. De pronto uno de ellos me coge por la cintura y comienza a bailar conmigo.

– ¡Eh tío, esto es una fiesta y tú no estás invitado! – Exclamo soltándome de sus manos de pulpo.

-Es uno de los riesgos que puedes correr cuando haces fiestas en locales públicos. – Dice apoyando ambos brazos en la barra dejándome aprisionada en su interior.

– No me gusta que un desconocido invada mi espacio. –Le digo sabiendo que estas palabras son más falsas que el alma de Judas, puesto que el chico en cuestión está tremendamente bueno, estatura perfecta, musculatura en su justa medida, piel bronceada, pelo castaño cortado en melenita y desprende un aroma que me hace juntar incómodamente las piernas.

Poco a poco abro los labios dejándole que explore mi boca, poso mis manos sobre su cintura deslizando una suavemente hasta su bragueta, cuando la tengo donde yo quería aprieto lo suficientemente fuerte para hacerle abandonar mi boca precipitadamente.

– ¿Qué coño haces? – Pregunta enfadado.

– Uy perdona ¿He invadido tu espacio? – Pregunto ironizando. De pronto su semblante cambia y esboza una pícara sonrisa.

– ¿Me he pasado verdad? – Pregunta observándome con sus grandes ojos castaños.

– Tres pueblos. – Le contesto sonriendo.

– ¿Y si empezamos de nuevo? – Pregunta extendiendo su mano.

– Hola soy Marina. – Contesto estrechándosela.

– Y yo Álvaro. – Contesta seduciéndome con su mirada. Hechas las presentaciones, ambos grupos nos unimos y pasamos una gran noche.

– Los días se suceden uno tras otro sumergidas en nuestro trabajo y nos encontramos nuevamente en el fin de semana donde Álvaro y sus amigos nos esperan para volver a pasar otra noche juntos, pronto el interés de cada uno de ellos hacia nosotras queda desvelado. Las quedadas en grupo o individualmente cada vez son más frecuentes y los besos con el descarado chico del pub aumentan a una velocidad agigantada hasta que al fin me decido. Sara me ha prestado su renovada casa para pasar unos días con mi chico como ella le llama.

En mis conversaciones con Álvaro he podido saber que aunque es almeriense también vive en Madrid y que su interés por mí es mucho más real y sincero de lo que en un principio me pareció.

– ¡Menudo picadero habéis montado aquí! – Exclama lanzando un silbido.

– Era un proyecto antiguo que nos hacía mucha ilusión poder hacerlo realidad. La casa y su rentabilidad es de Sara, la decoración es de Daniela y la web y marketing mío. – Le aclaro.

– Habéis hecho un gran trabajo. – Dice este abrazándome para empujarme suavemente sobre la cama.

Sus labios devoran mi boca con impaciencia, mi cuerpo se incendia bajo su contacto, el deseo se hace latente en su entrepierna. Nos apresuramos a desnudarnos mutuamente, la fuerte atracción que nos posee en este momento es salvaje, una de sus manos se desliza desde mi cuello hasta mis pechos deteniéndose tentadoramente sobre los pezones que se yerguen frente a su experto contacto, entre tanto, la otra baja hasta mi pubis haciendo que mi espalda se arquee en su dirección. Cuando creo que voy a morir de excitación sus caricias cesan. Álvaro está de pié, frente a mí, rápidamente coge mis piernas por los tobillos y tira de ellas hasta rodearlas en su cintura. Pidiéndome permiso con la mirada me penetra con su palpitante miembro, mi cuerpo solo está apoyado en la cama por lo hombros recibiendo cada uno de sus embistes que desde esta posición son profundos y embriagadores. Sus manos sujetan fuertemente mis nalgas que van a su encuentro una y otra vez hasta que ambos alcanzamos el clímax. Yacemos jadeantes sobre la cama aún sin deshacer, Álvaro apoya suavemente sus labios sobre mi frente para depositar un suave beso.

– Te voy a hacer el amor en cada uno de los rincones de esta casa y voy a seguir por ese tentador sillón tántrico…

Nuestros días en Almería han llegado a su fin, Daniela y yo preparamos nuestro viaje de vuelta teniendo la certeza de que nuestros chicos nos estarán esperando en Madrid, las promesas de que nuestras relaciones no iban a ser pasajeras nos hacen emprender el viaje con una gran sonrisa dibujada en nuestro rostro.

Reme Pérez

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