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Ser mujer hoy en día es muy difícil, y más si se es mujer, madre y trabajadora dígase esta por cuenta ajena o propia. Sí, soy Lucía, mujer y trabajadora, madre y esposa, amiga y compañera… todo en uno. Soy como un pack indivisible o así me lo han vendido… Pero me gustaría ser también “divisible” para poder jugar el rol que quiera en cada momento y lugar.

Las mujeres actuales vamos contracorriente a todo y a todos. La igualdad querida/os no ha llegado en su plenitud. En algunos hogares ni se llega a saber lo que es, el rol lo asume íntegramente el sexo femenino.

La mujer tiene el deber moral, según nos han inculcado, de todo lo que concierne al hogar familiar, a que todo este perfecto, impoluto y de que no falte nada. Desde una simple barra de pan para comer hasta los zapatos limpios de los niños, todo ello pasando porque no falte papel higiénico en el W.C.

En gran parte la culpa de la igualdad la tenemos nosotras, SI, nosotras, por asumir como nuestro todas las cosas del hogar, de los niños, de la familia en sí, sin saber cómo ni por qué nos hacemos cargo de todo, de la comida, la ropa, la lavadora, la limpieza, la educación de los hijos, las actividades extraescolares, los deberes… me podría pasar un largo rato enumerando las miles de cosas que asumimos y de las que nos hacemos responsables.

Todo esto, por lo menos a mí, no me lo enseñaron en el colegio, ni en el instituto, y no cayó en mis manos libro alguno donde se me indicara que todo lo anterior iba a recaer sobre mis espaldas y sobre todo sobre mi conciencia.

Porque a mí me despierta mi conciencia y esta me dice: tienes que poner una lavadora, tienes que limpiar, todo tiene que estar perfecto, en fin, así es mi conciencia, qué más quisiera yo que me dejara tranquila algún domingo y poder despertarme cuando abriera los ojos, da igual que fuesen las 9 o las 12, pero que lo hiciera por motus propio.

Olvidarme de la conciencia que me martillea insistentemente y que intento apartarla, no sin esfuerzo, de tantas cosas que tengo pendientes de hacer como madre y ama de casa. Los niños que reclaman desayunar, la ropa que se sale del cesto, tanto la sucia para lavar como la limpia para planchar, y la comida pendiente de preparar….

Poder despertar después de un sueño tórrido, levantar la cabeza de una almohada mullida donde aún conserva el olor de una noche de amor y desamor, y poder hacerlo con un beso infinito que te traslada de nuevo a la noche pasada, ver como aun a pesar de ser madre y ama de casa, ante todo sigues siendo mujer y que conservas los encantos propios del sexo femenino.

Y es que si, a pesar de todo soy mujer. Yo, Lucía, tengo mis fantasías, mis sueños eróticos y mis deseos más oscuros… ¿A quién de vosotras no le encanta despertar una mañana después de una noche loca de sexo? No sé a vosotras, pero a mí me encanta. Me encanta levantarme y sentirme mujer a pesar de todos los quehaceres que tenga que hacer durante todo el día… Pero quiero volver de nuevo a casa después de otro día intenso de trabajo, tomar una copa de vino junto a la persona que desee y volver a pasar otra noche de lujuria y pasión… Creo que estoy soñando y me han despertado, quien si no… mi conciencia y la realidad.

Foto: Negocios de fotografía creado por Yanalya – Freepik.com

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